Relatos de lo inesperado y de la amabilidad de un extraño en Nueva Orleans

Random act of Kindness from a Stranger New Orleans || Wanderwings

Acababa de cumplir los 18 cuando decidí embarcarme en mi primera aventura estadounidense. Solicité la visa J1 para estudiantes que quieran pasar el verano trabajando en Estado Unidos, me busqué un trabajo en un hotel en Nueva Orleans, hice las maletas y me marché a mediados de Junio. ¿Como iba a saber yo que este primer viaje a E.E.U.U. se convertiría en una de las lecciones más importantes de mi vida?

En Madrid, los vuelos a E.E.U.U. a través de Londres son de madrugada. Asique pachin pachan a la T4 nos fuimos. Presenté todos mis documentos para Estados Unidos a la señorita del control, y mi primer avión del día, un British Airways con destino Londres Heathrow, despegó. El tránsito transcurrió sin incidentes y lo mismo con los dos vuelos de American Airlines siguientes (Londres-Dallas-Nueva Orleans). Hasta la hora de aterrizar en Luisiana. El descenso había comenzado, poco a poco nos aproximamos a la pista, tanto tanto que ya casi la podía oler, y sin aviso volvió a iniciar el ascenso. Arriba arriba arriba…y a volar en círculos sobre la ciudad. Hasta la fecha sigo sin saber que fué lo que pasó. La cosa es que el segundo intento de aterrizaje fue más fructífero.

Por desgracia, el aterrizaje fallido sólo fue el comienzo de la que sería una de las noches más largas de mi adolescencia. Al organizar el viaje acordé con la empresa para la que iba a trabajar, que uno de sus empleados me vendría a buscar al aeropuerto. Cosa que, dada la trayectoria que llevaba el día, no ocurrió.

Random act of Kindness from a Stranger New Orleans || Wanderwings

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Eran pasadas las 10 de la noche, estaba agotada, aún en proceso de recuperación del mini-shock que causó el aterrizaje fallido, sola, sin teléfono y afuera ya había anochecido. En la zona de llegadas sólo había algunas familias reunidas con sus recién llegados familiares y un conductor de limusinas. No queriendo perturbar su feliz re-encuentro, me dirijí al conductor de limusinas. Le comenté mi situación y le pregunté si podría llamar a la compañía por mi. A lo cual accedió gustosamente, aunque por desgracia sin exito. después de todo, eran las 10 de la noche!

Desesperada y sin saber que hacer, me senté en un banco en la zona de llegadas. Para entonces ya me había dado por vencida, y decidido pasar la noche en el aeropuerto. El nuevo día traería más claridad al asunto. Al rato volvió el conductor de la limusina, quería saber si había encontrado alguna solución, y en caso de que no, decirme que conocía un hotel a la vuelta de la esquina, relativamente barato y en el que sabía que había habitaciones libres. Si me interesaba, me podía acercar de camino a su casa. La amabilidad de este extraño me trajo a un lugar seguro y cómodo en el que pasar la noche. Tras aquella noche, el verano continuó cada más y más lleno de incidentes, pero eso os lo cuento otro día si es algo que os interese saber. En cualquier caso, aquel día me enseñó dos cosas importantes. Uno, que no importa lo mucho que planees las cosas, tienes que estar listo para aceptar lo inesperado. Y dos, que el mundo está lleno de gente buena dispuesta a salirse del camino de su propia vida para ayudar a un extraño.

 

P.d. Oh y esta es la historia de mi primer viaje en limusina!

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